Llevo ya tres semanas trasteando con el portátil; debido a una mala actualización, he tenido que reinstalar el sistema. Más o menos funciona, pero tiene ya seis años y el ventilador suena en ocasiones como un motocarro. Está claro que tiene los días contados, pero estoy intentando alargar su vida, al menos unos meses. En fin, que he seguido dibujando, pero me he despistado más de lo habitual con las actualizaciones de los blogs. En fin, vamos al tajo.
Puedes llevar años pasando por el mismo sitio y verlo de mil formas diferentes; ya sea por la luz del sol, el tiempo atmosférico, la hora del día... o fijarse en un punto concreto desde un ángulo en el que no habías pensado. Que fue lo que me pasó el día de Nochebuena por la tarde mientras volvía a casa por el paseo del Puerto Deportivo. Al acercarme a la altura de la Comandancia de Marina, miré en dirección al Tránsito de las Ballenas. Y me fijé en la ordenación de las farolas, que seguían una línea que parecía acabar en el monumento Nordeste, obra de Joaquín Vaquero Turcios.






