En mi época de mayor concentración, pude hacer hasta tres caras de un cubo de rubik. Creo que llegué hasta cuatro una vez, pero puede que lo haya soñado. Ahora, que tengo en ocasiones la atención de un pez de colores, tendría suerte si fuese capaz de hacer dos. Y, si en lugar de colores, cada cara tiene un retrato... bueno, la cosa se complica.
Es un cubo pequeño, de esa franquicia danesa de la que no digo el nombre por no hacer pùblicidad gratis (y no es Ikea, ésos son suecos). Sus artículos suelen ser diseñados con un sentido del humor tirando a simpático; quiza demasiado Mr. Wonderful a veces, pero tiene un pase. Y bueno, me hicieron gracia las caras. Ahora lo tengo en la estanteria de mi habitación, justo detras de Catboy.